Divina Comedia

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Levantaron la cabeza y después de haber mirado, sus ojos, que estaban preñados de lágrimas, se derramaron en los párpados; pero el frío congeló en ellos aquellas lágrimas, volviéndolos a cerrar. Ninguna grampa unió jamás tan fuertemente dos trozos de madera; por lo cual ambos condenados se entrechocaron como dos carneros: tanta fue la ira que los dominó. Y otro, a quien el frío había hecho perder las orejas, me dijo, sin levantar la cabeza:

—¿Por qué nos miras tanto? Si quieres saber quiénes son estos dos, te diré que el valle por donde corre el Bisenzio fue de su padre Alberto y de ellos. Ambos salieron de un solo cuerpo; y aunque recorras toda la Caína no encontrarás una sombra más digna de estar sumergida en el hielo, ni aun la de aquel a quien la mano de Arturo rompió de un golpe el pecho y la sombra, ni la de Focaccia, ni la de ese que me impide con su cabeza ver más lejos y que se llamó Sassolo Mascheroni; si eres toscano bien sabrás quién es. Y para que no me hagas hablar más, sabe que yo soy Camiccione de Pazzi, y que espero a Carlino, cuyas culpas harán parecer menos graves las mías[246].




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