Divina Comedia
Divina Comedia A lo que repuso:
—Deseo todo lo contrario. Vete de aquà y no me causes más molestias, pues suenan mal tus lisonjas en esta caverna.
Entonces le cogà por los pelos del cogote y le dije:
—Es preciso que digas tu nombre o no te quedará ni un solo cabello.
Pero él me replicó:
—Aunque me peles y me repeles, ni te diré quién soy ni verás mi rostro, por más que golpees mil veces mi cabeza.
Yo tenÃa ya sus cabellos enroscados en mi mano y le habÃa arrancado más de un puñado de ellos, mientras él aullaba con los ojos fijos en el suelo, cuando otro condenado gritó: «¿Qué tienes, Bocca? ¿No te basta castañear los dientes, sino que también ladras? ¿Qué demonio te atormenta?».
—Ahora —dije— ya no quiero que hables, traidor maldito; que para tu eterna vergüenza llevaré al mundo noticias ciertas de ti.