Divina Comedia
Divina Comedia «Amor, che nella mente mi ragiona…», empezó él a cantar tan dulcemente que su dulzura aún resuena en mi corazón. Mi Maestro y yo, y las sombras que allí estaban, parecíamos tan contentos como si no tuviéramos otra cosa en qué pensar. Estábamos absortos y atentos a sus notas cuando apareció el venerable anciano exclamando:
—¿Qué es esto, espíritus perezosos? ¿Qué negligencia, qué demora es ésta? Corred al monte a purificaros de vuestros pecados, que no permiten que Dios se os manifieste.
Del mismo modo que las palomas, cuando están reunidas en torno a su alimento, cogiendo el grano y quietas, sin hacer oír sus acostumbrados arrullos, si acontece algo que las asuste, abandonan súbitamente la comida porque las asalta un cuidado mayor, así vi yo a aquellas almas recién llegadas abandonar el canto y desbandarse por la costa, como quien corre sin saber a dónde va. Y no menos rápidamente huimos también nosotros.