Divina Comedia
Divina Comedia Como las ovejas que salen de su redil una a una, dos a dos y tres a tres, mientras las otras se detienen, tÃmidamente, inclinando hacia la tierra sus ojos y su hocico, y lo mismo que hace la primera hacen las demás, deteniéndose a su lado si se detienen, sencillas y tranquilas; y sin darse cuenta de por qué lo hacen, asà vi yo moverse para venir hacia nosotros las primeras almas de aquella temerosa y afortunada grey, de rostro púdico y de honesto continente. Cuando vieron que la luz se interrumpÃa en el suelo a mi mano derecha, de modo que se proyectaba mi sombra desde mi cuerpo hasta la gruta, se detuvieron y aun retrocedieron algún tanto, y todos los que venÃan detrás, sin saber por qué, hicieron lo mismo.
—Sin que me lo preguntéis, os confieso que éste que aquà veis es un cuerpo humano; por esta causa la luz del sol aparece cortada en el suelo. No os asombréis; pero creed que si pretende trepar esta escarpada costa, lo hace inducido por virtud celestial.
Asà habló mi Maestro; y aquella noble multitud nos dijo:
—Pues volveos atrás y caminad delante de nosotros.
Y al mismo tiempo nos hacÃan señas con las manos. Uno de ellos exclamó: