Divina Comedia
Divina Comedia —La angustia de los desgraciados que están ahà abajo refleja en mi rostro una piedad que tú tomas por terror. Vamos, pues; que la longitud del camino exige que nos apresuremos.
Y sin decir más penetró y me hizo entrar en el primer cÃrculo que rodea el abismo. AllÃ, según pude advertir, no se oÃan quejas, sino sólo suspiros que hacÃan temblar la eterna bóveda y que procedÃan de la pena sin tormento de una inmensa multitud de hombres, mujeres y niños. El buen Maestro me dijo:
—¿No me preguntas qué espÃritus son los que estamos viendo? Quiero, pues, que sepas, antes de seguir adelante, que éstos no pecaron y aunque han ganado méritos en la vida no es suficiente, pues no recibieron el agua del bautismo que es la puerta de la Fe que forma tu creencia. Y si vivieron antes del cristianismo, no adoraron a Dios como debÃan. Yo también soy uno de ellos. Por tal falta, y no por otra culpa, estamos condenados. Nuestra pena consiste en vivir con un deseo sin esperanza.
Un gran dolor afligió mi corazón cuando oà esto, porque conocà a personas de muchos méritos que estaban suspensas en el Limbo[45].