Divina Comedia
Divina Comedia Y él a mí:
—La honrosa fama que aún se conserva de ellos en el mundo que habitas los hace acreedores a esta gracia del Cielo que de tal suerte los distingue.
Entonces oí una voz que decía: «¡Honrad al sublime poeta; he aquí su alma, que se había separado de nosotros!». Cuando calló la voz vi venir a nuestro encuentro cuatro grandes sombras, cuyos rostros no manifestaban tristeza ni alegría. El buen maestro comenzó a decirme:
—Mira aquel que tiene una espada en la mano y viene a la cabeza de los otros tres, como su señor. Ese es Homero, poeta soberano. El otro es el satírico Horacio. Ovidio es el tercero y el último Lucano. Cada cual merece, como yo, el nombre que antes pronunciaron unánimes; me honran y hacen bien[50].
De este modo vi reunida la hermosa compañía de aquel príncipe del sublime canto que vuela como el águila sobre todos los demás[51].