Divina Comedia
Divina Comedia HabÃamos dado ya una gran vuelta por el monte y el Sol estaba mucho más adelantado en su camino de lo que nuestro absorto espÃritu creyera, cuando aquel que siempre andaba cuidadoso empezó a decir:
—Levanta la cabeza; no es tiempo de ir tan pensativo. He allà un ángel que se prepara a venir hacia nosotros, y ve también que se retira del servicio del dÃa la sexta esclava[79]. Reviste de reverencia tu rostro y tu actitud a fin de que le plazca conducirnos más arriba: piensa en que este dÃa no volverá jamás a lucir.
Estaba yo tan acostumbrado por sus amonestaciones a no desperdiciar el tiempo, que su lenguaje con respecto a este punto no podÃa parecerme oscuro. La hermosa criatura venÃa en nuestra dirección, vestida de blanco y centelleando su rostro como la estrella matutina. Abrió los brazos y después las alas, diciendo:
—Venid; cerca de aquà están las gradas y puede subirse fácilmente por ellas. ¡Qué pocos acuden a esta invitación! ¡Oh raza humana, nacida para remontar el vuelo!, ¿por qué el menor soplo de viento te hace caer[80]?.