Divina Comedia
Divina Comedia —¿Has visto —me dijo— a la antigua hechicera, causante única del llanto que más arriba de donde estamos se vierte[124]?. ¿Has visto como el hombre puede desprenderse de ella? Bástete, pues, esto y apresura el paso. Vuelve tus ojos al reclamo de las magnÃficas esferas que hace girar el Rey eterno.
Como el halcón que, mirando primero a sus pies, acude al grito del cazador y tiende el vuelo, atraÃdo por el deseo de la presa, lo mismo hice yo recorriendo la hendidura de la roca destinada a dar paso a los que suben, sin detenerme hasta llegar al punto donde se camina en redondo. Cuando hube llegado al quinto cÃrculo, vi algunas almas que lloraban tendidas en el suelo boca abajo y las oà exclamar con tan fuertes suspiros que apenas se entendÃan las palabras «Adhaesit pavimento anima mea[125]».
—¡Oh elegidos de Dios, cuyos padecimientos son suavizados por la resignación y la esperanza! Dirigidnos hacia las altas gradas.
—Si venÃs libres de yacer aquà con nosotros y queréis encontrar más pronto la subida, caminad siempre llevando vuestra derecha hacia fuera del cÃrculo.