Divina Comedia
Divina Comedia Tal fue la súplica del Poeta y tal la contestación que le dieron algo más adelante de donde estábamos; y yo pude conocer por el sonido de las palabras quién era el que habÃa hablado. Volvà entonces los ojos hacia mi Señor, quien con su gesto complaciente consintió en lo que pedÃa la expresión de mi deseo. Cuando pude obrar a mi gusto me acerqué a aquella criatura que habÃa llamado la atención con sus palabras, diciéndole:
—EspÃritu en quien el llanto madura la expiación sin la cual no se puede llegar hasta Dios, suspende un momento por mà tu mayor cuidado. Dime quién fuiste y por qué tenéis todos la espalda vuelta hacia arriba y si quieres que pida por ti alguna cosa en el mundo de donde salà vivo y al que, por tanto, he de volver.
Me respondió: