Divina Comedia
Divina Comedia —Sabrás por qué ordena el Cielo que tengamos la espalda vuelta hacia él; pero antes «scias quod ego fui succesor Petri[126]». Entre Sesti y Chiavari se interna un hermoso rÃo, de cuyo nombre toma origen el tÃtulo de mi sangre. Un mes y poco más pude experimentar cuán pesado es el gran manto para quien quiere llevarlo dignamente, pues cualquier otra carga es una pluma. Mi conversión, ¡ay de mÃ!, fue tardÃa; pero cuando fui elegido Pastor romano conocà lo engañosa que es la vida. Vi que ni aun allà reposaba el corazón en su ambición, puesto que no era posible subir a más altura en aquella vida mortal. Asà es que me inflamé de amor por la eterna. Hasta entonces fui un alma miserable, alejada de Dios y completamente avara, por lo cual sufro el castigo que ves[127]. Lo que hace la avaricia se manifiesta aquà con la pena que sufren las almas echadas boca abajo, pena más amarga que ninguna otra. Asà como nuestros ojos, fijos en las cosas terrenales, no miraron nunca hacia arriba, del mismo modo la justicia nos obliga aquà a mirar hacia el suelo. Asà como la avaricia extinguió en nosotros el amor hacia el verdadero bien, por lo cual fueron vanas nuestras obras, asà también la justicia nos tiene aquà oprimidos, atados de pies y manos e inmóviles y echados en el suelo mientras plazca al justo Señor.