Divina Comedia
Divina Comedia —Desde el eterno tribunal desciende una virtud sobre el agua y la planta que hemos dejado más atrás, virtud que nos extenúa de esta suerte. Todos esos que cantan llorando por haberse entregado desenfrenadamente al vicio de la gula, deben sacrificarse aquà por medio del hambre y la sed. El olor que se exhala de la fruta y el agua que se extiende sobre ese follaje excitan en nosotros el deseo de comer y beber, y más de una vez se repite nuestra pena mientras damos una vuelta a este cÃrculo; porque el deseo que nos conduce hacia el árbol es el mismo que conduce a Jesucristo a decir lleno de gozo: «Eli[157]», cuando nos redimió con la sangre de sus venas.
—Forese —repliqué—, desde el dÃa en que dejaste el mundo por mejor vida no han transcurrido aún cinco años. Si la facultad de pecar concluyó en ti solamente poco antes de que sobreviniera la hora del saludable dolor que nos reconcilia con Dios, ¿cómo es que has llegado ya aquà arriba? CreÃa encontrarte abajo, donde el tiempo con el tiempo se repara[158].
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