Divina Comedia
Divina Comedia Asà como las grullas que pasan el invierno a orillas del Nilo forman a veces una bandada en el aire y luego vuelan rápidamente marchando en hilera, de igual suerte todas las almas que allà estaban, volviendo el rostro, aceleraron el paso, ligeras por su demacración y su deseo; y al modo que un hombre cansado de correr deja ir delante a sus compañeros y sigue lentamente hasta que cesa la agitación de su pecho, asà Forese dejó pasar a la grey santa y continuó conmigo su camino, diciéndome:
—¿Cuándo te volveré a ver?
—No sé cuánto he de vivir —le respond×, pero no será tan pronto mi regreso que antes no llegue yo con el deseo a esta santa orilla; porque el sitio donde fui colocado para vivir se aleja del bien de dÃa en dÃa y cada vez más, y parece destinado a una triste ruina.
—Ve, pues —repuso—, que ya estoy viendo al que tiene la mayor culpa de esta ruina, arrastrado a la cola de un animal hacia el valle donde nadie se excusa de sus faltas. El animal a cada paso va más rápido, aumentando siempre su celeridad, hasta que lo arroja y abandona el cuerpo vilmente destrozado. Estas esferas no darán muchas vueltas (y dirigió sus ojos al cielo) sin que quede claro para ti lo que mis palabras no pueden ampliar más[167]. Ahora te dejo porque el tiempo es caro en este reino y yo pierdo mucho caminando a tu lado.