Divina Comedia
Divina Comedia Cual jinete que se adelanta al galope de entre el escuadrón que avanza, a fin de alcanzar el honor del primer choque, del mismo modo y con mayores pasos se apartó de nosotros aquel espíritu, y yo quedé en el camino con aquellos dos que fueron tan grandes maestros en el mundo. Cuando estuvo tan retirado de nosotros que mis ojos no podían seguirlo, así como tampoco podía mi mente alcanzar el sentido de sus palabras, observé no muy lejos las ramas frescas y cargadas de fruta de otro manzano, por haberme vuelto entonces hacia aquel lado. Y vi debajo de él muchas almas que alzaban las manos y gritaban no sé qué en dirección del follaje, como los niños que, codiciando impotentes alguna cosa, la piden sin que aquel a quien ruegan les responda y, antes al contrario, para excitar más sus deseos, tiene levantado y sin ocultarlo aquello que causa su anhelo. Después se marcharon como desengañadas y nosotros nos acercamos entonces a aquel árbol que rechazaba tantos ruegos y tantas lágrimas.