Divina Comedia
Divina Comedia Entonces oí cantar en el seno de aquel gran ardor: «Summae Deus clementiae[175]», lo cual excitó en mí un deseo no menos ardiente de volverme y vi a varios espíritus andando por la llama. Yo los miraba, pero fijando alternativamente la vista, ya en sus pasos, ya en los míos. Después de la última estrofa de aquel himno, gritaron en voz alta: «Virum non cognosco[176]», y en seguida volvieron a entonarlo en voz baja. Terminado el himno, gritaron aún: «Diana corrió al bosque y arrojó de él a Hélice, que había gustado el veneno de Venus[177]». Repetía luego su canto y citaban después ejemplos de mujeres y maridos que fueron castos, como lo exigen la virtud y el matrimonio. Y de este modo, según creo, continuarán durante todo el tiempo que los abrase el fuego, pues con tal remedio y tales ejercicios ha de cicatrizarse la última llaga.