Divina Comedia
Divina Comedia Como corrieron hacia su madre los dos hijos al encontrarla bajo las tristes iras de Licurgo[181], asà me lancé yo, pero sin atreverme a tanto, cuando escuché nombrarse a sà mismo a mi padre y al mejor de todos los mÃos que jamás escribieron rimas de amor dulces y floridas; y anduve pensativo largo trecho, sin oÃr ni hablar, contemplándolo aunque sin poder acercarme más a causa del fuego. Cuando me harté de mirarlo, me ofrecà de todo corazón a su servicio con aquellos juramentos que hacen creer en las promesas. Me contestó:
—Dejas en mÃ, por lo que oigo, una huella tan profunda y clara que el Leteo no puede borrarla ni oscurecerla. Pero si tus palabras han jurado la verdad, dime: ¿cuál es la causa del cariño que me demuestras en tus frases y en tus miradas?
—Vuestras dulces rimas, que harán preciosos los manuscritos que las contienen, tanto como dure el lenguaje.