Divina Comedia
Divina Comedia —¡Oh hermano! —repitió—; este que te señalo con el dedo (e indicó un espÃritu que iba delante de él) fue el mejor obrero en su lengua materna[182]. Sobrepujó a todos en sus versos amorosos y en la prosa de sus novelas. Deja hablar a los necios que creen que el LemosÃn[183] es mejor que él; prestan más atención al ruido que a la verdad y asà forman su juicio antes de dar oÃdos al arte o a la razón. Lo mismo hicieron muchos de los antiguos con respecto a Guittone[184], colocándolo, merced a sus gritos, en el primer lugar, hasta que lo ha vencido la verdad con los méritos adquiridos por otros poetas. Ahora, si tienes el alto privilegio de poder penetrar en el claustro donde Cristo preside, dile por mà del «Padrenuestro» todo lo que necesitamos los habitantes de este mundo, en el que ya no tenemos la ocasión de pecar[185].
Luego, tal vez para hacer sitio a otro que venÃa en pos de él, desapareció entre el fuego, como desaparece el pez en el fondo del agua. Yo me adelanté un poco hacia el que me habÃa señalado y le dije que mi deseo estaba preparado para oÃr su nombre. Él empezó a decir donosamente: