Divina Comedia
Divina Comedia Asà como bailando se mueve una mujer con los pies juntos y sin separarlos del suelo, poniendo apenas uno delante del otro, de igual suerte se volvió hacia mà sobre las florecillas rojas y amarillas, semejante a una virgen que inclina sus modestos ojos, y satisfizo mis súplicas aproximándose tanto, que llegaba hasta mà la dulce armonÃa de su canto y sus palabras claras y distintas. Luego que se detuvo en el sitio donde las hierbas son bañadas por las ondas del lindo riachuelo, me concedió el favor de levantar sus ojos. No creo que saliera tal resplandor bajo las cejas de Venus cuando su hijo la hirió involuntariamente. Ella se sonreÃa desde la orilla derecha cogiendo mientras tanto las flores que aquella elevada tierra produce sin necesidad de simiente. El rÃo nos separaba a la distancia de sólo tres pasos, pero el Helesponto, por donde pasó Jerjes, cuyo ejemplo sirve aún de freno al orgullo humano, no fue tan odioso a Leandro, por el impetuoso movimiento de sus aguas entre Sestos y Abydos, como lo era aquél para mà por no abrirme paso[194].