Divina Comedia

Divina Comedia

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—Aunque callases o negases lo mismo que ahora confiesas, no por eso tu falta sería menos conocida, ¡tal es el Juez que la sabe! Pero cuando la confesión del pecado sale de la propia boca del pecador, la rueda se vuelve en nuestro tribunal contra el filo de la espada. Sin embargo, para que más te aproveche la vergüenza de tu error y para que otra vez seas más fuerte al oír el falso canto de las sirenas, depón la causa de tu llanto y escucha: así sabrás que mi carne sepultada debía haberte encaminado en una dirección totalmente contraria. El arte o la naturaleza no te presentaron jamás una cosa tan agradable como los bellos miembros en que estuve contenida, miembros que ahora son polvo de la tierra. Y si el sumo placer de verme te faltó a causa de mi muerte, ¿qué cosa mortal debía excitar después tus deseos? A la primera herida que te causaron las cosas engañosas del mundo debiste elevar los ojos al Cielo, siguiéndome a mí, que había dejado ya de ser engaño. No debían batirse tus alas para esperar allí nuevos golpes, o bien alguna doncellita[230] o cualquier otra vanidad de corta duración. El tierno pajarillo cae fácilmente en cualquier asechanza, pero ante los ojos de los ya cubiertos de plumas en vano se tienden redes.

Yo estaba como los niños que, mudos de vergüenza y con los ojos fijos en el suelo, escuchan de pie, reconociendo sus faltas y arrepentidos. Ella continuó:


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