Divina Comedia
Divina Comedia —Todos fueron de tan limitado talento en la primera vida que no supieron gastar razonablemente; asà lo manifiestan ellos con claridad cuando llegan a los dos puntos del cÃrculo que los separa de los que siguieron camino opuesto. Estos que no tienen cabellos que cubran sus cabezas fueron clérigos, papas y cardenales a quienes subyugó la avaricia.
Y yo:
—Maestro, entre todos éstos deberá haber algunos a quienes yo conozca y a quienes tan inmundos hizo este vicio.
Y él a mÃ:
—En vano esforzarás tu imaginación: la vida sórdida que los hizo deformes hace que hoy sean impenetrables e irreconocibles. Continuarán chocando entre sà eternamente y saldrán éstos del sepulcro con los puños cerrados y aquéllos con el cabello rapado. Por haber gastado mal y guardado mal han perdido el ParaÃso y se ven condenados a ese eterno combate, que no necesito pintarte con palabras escogidas. Ahà podrás ver, hijo mÃo, cuán rápidamente pasa el soplo de los bienes de la Fortuna por los que la raza humana se afana y querella. Todo el oro que existe bajo la Luna y todo el que ha existido no puede dar un momento de reposo a estas almas fatigadas.