Divina Comedia
Divina Comedia Después de que mis ojos se fijaron reverentes en mi Dama y que ella les dio la seguridad de su contentamiento, los volvà hacia la resplandeciente llama que tanto se me habÃa ofrecido, y:
—Di quién fuiste —fue mi respuesta impregnada del mayor afecto.
¡Oh, cuánto más brillante y bella se volvió cuando le hablé, a causa del nuevo gozo que acrecentó sus alegrÃas! Embellecida de este modo, me dijo: