Divina Comedia
Divina Comedia Yo no advertí mi ascensión a ella, pero me cercioré de que estaba en su interior cuando vi a mi Dama adquirir más hermosura. Y así como se ve la chispa en la llama, y como se distinguen dos voces entre sí, cuando la una sostiene una nota y la otra ejecuta varias modulaciones, del mismo modo vi dentro de aquella luz otras luces que se movían en círculos más o menos ágiles, con arreglo, según creo, a sus dichosas visiones eternas. De fría nube no salieron jamás, visibles o invisibles, vientos tan veloces que no parecieran entorpecidos y lentos a quienes hubiesen visto llegar hasta nosotros aquellos divinos fulgores, dejando la órbita en que se encontraban antes en el cielo de los Serafines[48]. Y dentro de los que se nos aparecieron delante resonaba «Hosanna» tan dulcemente que nunca me ha abandonado el deseo de volverlo a oír. Entonces se acercó uno de ellos a nosotros y empezó a decir, sin que se le preguntase:
—Todos estamos prontos en tu obsequio, para que te regocijes en nosotros. Todos giramos con los príncipes celestiales dentro de la misma órbita, con el mismo movimiento circular y con idéntico deseo que aquellos de quienes has dicho en el mundo: «Vosotros, que movéis el tercer cielo, con vuestra inteligencia», y estamos tan llenos de amor que, por agradarte, no nos será menos dulce un momento de reposo[49].