Divina Comedia

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—Poco tiempo me tuvo allá abajo el mundo; si yo hubiera permanecido más en él, no habrían sucedido muchos males que allí suceden. La alegría que despiden en torno mío estos fulgores me cubre como al gusano su capullo y me oculta a tus ojos. Tú me has amado mucho y tuviste motivo para ello; si yo hubiera estado allá abajo más tiempo, te habría dado en prueba de mi amor algo más que palabras[50]. Aquella ribera que baña el Ródano después de haberse unido con el Sorgues me esperaba, andando el tiempo, para recibirme por su señor; así como también aquella punta de la Ausonia que comprende los pueblos de Bari, Gaeta y Catona, desde donde el Tronto y el Verde desembocan en el mar. Brillaba ya en mi frente la corona de aquella tierra que riega el Danubio después de abandonar las riberas tudescas; y la bella Trinacria, entre los promontorios Pachino y Peloro, sobre el golfo que el Euro azota con más violencia y se cubre con humo caliginoso, no a causa de Tifeo, sino por el azufre que exhala de su suelo[51], habría esperado aún sus reyes, nacidos a través de mí, de Carlos y de Rodolfo, si el mal gobierno que rebela siempre a los pueblos sumisos no hubiese excitado a Palermo a gritar: «¡Muera, muera!»[52]. Y si mi hermano[53] hubiera previsto esto, huiría ya la avara pobreza de Cataluña para no ofender a aquellos pueblos. Necesita, en verdad, proveer por sí mismo o por otros a fin de que su reino no tenga más carga que la que pueda soportar por su índole, que de liberal se ha hecho avara, y necesitaría ministros que no se cuidasen sólo de llenar sus arcas.


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