Divina Comedia
Divina Comedia —El gran contento que me infunden tus palabras, ¡oh señor mÃo!, me es mucho más grato al considerar que aquÃ, donde está el principio y el fin de todo bien, lo ves como yo lo veo; y también gozo pensando que en presencia de Dios conoces mi felicidad. Ya que me has dado esta alegrÃa, aclárame (pues hablando me has hecho dudar) cómo de una semilla dulce puede salir un fruto amargo.
Esto le dije, y él me contestó:
—Si puedo demostrarte una verdad, volverás el rostro a lo que preguntas como ahora le vuelves la espalda[54]. El Bien que da movimiento y alegrÃa a todo el reino por donde asciendes, hace que su Providencia sea virtud influyente de estos grandes cuerpos; y en la Mente perfecta por sà misma no sólo se ha provisto a la naturaleza de cada cosa, sino también a la conservación y estabilidad de todas juntas; por lo cual todo cuanto desciende disparado de este arco va dispuesto hacia un fin determinado, como la flecha se dirige al blanco. Si esto no fuese asÃ, el cielo sobre el que caminas producirÃa sus efectos de tal modo, que no serÃan obras de arte, sino ruinas; y esto no puede ser, a no ser que admitamos que son defectuosas las inteligencias que mueven estos astros y defectuoso también el Ser Primero, que no las hizo perfectas[55]. ¿Quieres que te aclare más esta verdad?