Divina Comedia
Divina Comedia ¡Oh insensatos afanes de los mortales! ¡Cuán débiles son las razones que os inducen a bajar el vuelo y a rozar la Tierra con vuestras alas! Mientras unos se dedicaban al foro y otros se entregaban a los aforismos de la medicina; y éstos seguían el sacerdocio y aquéllos se esforzaban en reinar por la fuerza de las armas, haciendo creer en su derecho por medio de sofismas; y algunos robaban y otros se consagraban a los negocios civiles; muchos se enervaban en los placeres de la carne y otros, por fin, se daban a la ociosidad; yo, libre de todas estas cosas, había subido con Beatriz hasta el Cielo, donde tan gloriosamente fui acogido. Después que cada uno de aquellos espíritus hubo vuelto al punto del círculo en que antes estaba, tan inmóvil como la bujía en un candelero, la luz que me había hablado anteriormente se hizo más esplendorosa y risueña y dentro de ella oí su voz, que comenzó a decir de esta manera: