Divina Comedia
Divina Comedia —Asà como yo me enciendo a los rayos de la luz eterna, del mismo modo, mirándola, conozco la causa de donde proceden tus pensamientos[69]. Tú dudas y quieres que mi boca emplee palabras tan claras y ostensibles que pongan al alcance de tu inteligencia las que pronuncié antes cuando. dije: «Camino en que el alma se fortifica»; y aquellas otras: «Ningún otro ascendió». En cuanto a estas últimas, es preciso hacer una distinción. La Providencia, que gobierna el mundo con una ciencia en la que se pierde la mirada de todo ser creado sin poder llegar a comprenderla, a fin de que la Iglesia, esposa de Aquel que con su sangre la desposó, corriese hacia su fin segura de acechanzas y fiel a sus principios, quiso que dos paladines la sirvieran como guÃas para su seguridad y su fidelidad. El uno fue todo seráfico en su ardor; el otro por su sabidurÃa resplandeció en la Tierra con la luz de los querubines[70]. Hablaré de uno solo: pues elogiando a cualquiera de ellos indistintamente se habla de los dos, porque sus obras tendieron a un mismo fin. Entre el Tupino y el agua que desciende del collado elegido por el beato Ubaldo, baja un fértil declive de un alto monte, del cual Perusa siente venir el calor y el frÃo por la parte de Porta Sole y tras de cuyo monte lloran las oprimidas Nocera y Gualdo. En el sitio donde aquella pendiente es menos rápida, vino al mundo un sol, resplandeciendo como éste a veces cuando asoma sobre las márgenes del Ganges. Quien hable de este lugar, no lo llame AsÃs, pues dirÃa muy poco: si quiere hablar con propiedad, llámelo Oriente[71]. Aún no distaba mucho de su nacimiento, cuando aquel sol comenzó a hacer que la Tierra sintiese algún consuelo con su gran virtud, pues siendo todavÃa muy joven, incurrió en la cólera de su padre por inclinarse a una dama, a quien, como a la muerte, nadie acoge con gusto. Y ante la corte espiritual y «coram patre» se unió a ella, amándola después más y más cada dÃa. Ella, privada de su primer marido, permaneció despreciada y oscura mil cien años y más, sin que nadie la solicitase hasta que vino éste[72]. De nada le valió que se oyera decir cómo aquel que hizo temer a todo el mundo la encontró alegre con Amiclates cuando llamó a su puerta[73], ni le valió haber sido constante y animosa hasta el punto de ser crucificada con Cristo mientras MarÃa estaba al pie de la cruz. Mas, para no continuar en un estilo demasiado oscuro, reconoce en mis difusas palabras que estos dos amantes son Francisco y la Pobreza. Su concordia y sus placenteros semblantes, su amor maravilloso y sus dulces miradas inspiraban santos pensamientos a otros; de tal modo que el venerable Bernardo fue el primero que se descalzó para correr en pos de tanta paz, y aun corriendo le parecÃa llegar tarde. ¡Oh riqueza ignorada! ¡Oh verdadero bien! Egidio se descalza, se descalza también Silvestre por seguir al Esposo; tanto es lo que les agrada la Esposa. Desde allà partió aquel padre y maestro con su mujer y con aquella familia ceñida ya del humilde cordón. Y sin que una vil cobardÃa le hiciese bajar la frente por ser hijo de Bernardone, ni por su apariencia asombrosamente despreciable, manifestó con gran dignidad sus rÃgidas intenciones a Inocencio, de quien recibió la primera aprobación de su regla. Luego que fue aumentando en torno suyo la pobre gente, cuya admirable vida se cantarÃa mejor entre las glorias del Cielo, el eterno EspÃritu, valiéndose de Honorio, coronó de nuevo el santo propósito de aquel pastor[74]; y cuando éste, sediento de martirio, predicó en presencia del soberbio Sultán la doctrina de Cristo y de los que lo siguieron, encontrando a aquella gente poco dispuesta a la conversión, para no permanecer inactivo, volvió a recoger el fruto de las plantas de Italia[75]. Cuando plugo a Aquel que lo habÃa elegido para tan ardua tarea elevarlo a la recompensa que mereció por haberse humillado, recomendó a sus hermanos, como a herederos legÃtimos, el cuidado de su querida Esposa y que la amaran con fe; y en el seno de ella quiso el alma preclara desprenderse para volver a su reino, sin permitir que a su cuerpo se le diera otra sepultura. Piensa ahora cuál fue el digno colega de Francisco, encargado de mantener la barca de Pedro en alta mar y dirigirla hacia su objeto. Ése fue nuestro patriarca; por lo cual, el que le sigue según él manda, puede decir que adquiere buena mercancÃa. Pero su rebaño se ha vuelto tan codicioso del nuevo alimento, que no puede menos de esparcirse por diversos prados; y cuanto más lejos de él van sus vagabundas ovejas, más exhaustas de leche vuelven al redil. Algunas de ellas, temiendo el peligro, se agrupan junto a su pastor, pero son tan pocas que no se necesita mucho paño para sus capas. Asà pues, si mis palabras no son oscuras, si me has escuchado con atención y si tu mente recuerda lo que te he dicho, tu deseo debe estar en parte satisfecho; porque habrás visto la causa de que la planta se desgaje y comprenderás la distinción que hice al decir: «Donde el alma se fortifica, si no se extravÃa[76]».