Divina Comedia
Divina Comedia —Vos sois mi padre; vos me infundÃs aliento para hablar; vos me enaltecéis de modo que soy más que yo mismo. Por tantos arroyos se inunda de alegrÃa mi mente, que se goza en sà misma al considerar que puede contener tanta sin que la abrume. Decidme, pues, ¡oh querido antepasado!, quiénes fueron vuestros predecesores y cuáles los años en que comenzó vuestra infancia. Decidme lo que era entonces el rebaño de San Juan[122] y cuáles las personas más dignas de elevados puestos.
Como se aviva la llama del carbón al soplo del viento, asà vi yo resplandecer aquella luz ante mis respetuosas palabras; y si pareció más bella a mis ojos, más dulce y suave fue también su acento cuando me dijo, aunque no en nuestro moderno lenguaje: