Divina Comedia
Divina Comedia Asà como muchas veces se ve la pasión en la fisonomÃa, si aquélla es tanta que el alma entera le está sometida, del mismo modo en los destellos del fulgor santo hacia el cual me volvÃ, conocà el deseo de continuar nuestra plática. Y, en efecto, empezó diciendo:
—En esta quinta rama del árbol que recibe la vida por la copa y fructifica siempre y nunca pierde sus hojas[142], son bienaventurados los espÃritus que allá abajo, antes de venir al Cielo, alcanzaron tan gran renombre que toda musa se enriquecerÃa con sus acciones; mira los brazos de la cruz, y los que te iré nombrando harán en ellos lo que el relámpago en la nube.
Apenas nombró a Josué vi pasar un fulgor por la cruz, y el oÃr pronunciar aquel nombre y ver deslizarse su resplandor fue todo uno. Al nombre del mayor de los Macabeos vi moverse otra luz dando vueltas a causa de su alegrÃa. Del mismo modo a los nombres de Carlomagno y de Roldán mi atenta mirada siguió a dos luces, como sigue la vista el vuelo del halcón. Después pasaron ante mis ojos por aquella cruz Guillermo y Rinoardo, el duque Godofredo y Roberto Guiscardo. En seguida, el alma que me habÃa hablado se movió del mismo modo y se reunió con las anteriores, demostrándome el lugar que ocupaba entre los cantores del Cielo[143].