Divina Comedia

Divina Comedia

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—Debes ahora mirar fijamente —empezó a decir— aquella parte de mí misma que en las águilas mortales contempla y soporta la luz del Sol: porque entre los fuegos que componen mi figura, los que hacen centellear el ojo en mi cabeza tienen un grado de luz mayor que el de todos los demás. Aquel que haciendo la veces de pupila luce en medio fue el cantor del Espíritu Santo, que transportó el Arca de ciudad en ciudad; ahora conoce el mérito de su canto en la parte que fue obra de su propia voluntad, por la remuneración que proporcionalmente ha recibido. De los cinco que forman el arco de mi ceja, el que está más próximo al pico consoló a la viuda de la pérdida de su hijo; ahora conoce cuán caro cuesta no seguir a Cristo, por la experiencia que tiene de esta dulce vida y de la opuesta. El que le sigue en la parte superior de la circunferencia de que hablo, dilató su muerte para hacer verdadera penitencia: ahora conoce que los eternos juicios de Dios son invariables, aunque una ferviente oración consiga allá abajo que suceda mañana lo que debería suceder hoy. El otro que sigue se hizo griego conmigo y con las leyes para ceder su puesto al Pastor, guiado por una buena intención que produjo malos frutos; ahora conoce que el mal resultado de su buena acción no le es nocivo, por más que haya sido causa de la destrucción del mundo. Aquel que ves en el declive del arco de mi ceja fue Guillermo, a quien llora la Tierra, que hoy se lamenta de Carlos y Federico vivos; ahora conoce el amor del Cielo hacia un rey justo, y así lo manifiesta por el resplandor de que está rodeado. ¿Quién creería, en el mundo lleno de errores, que el troyano Rifeo fuera en este arco la quinta de las luces santas? Aunque su vista no penetre hasta el fondo de la divina gracia, demasiado conoce ahora lo que en ella no puede ver el mundo[157].


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