Divina Comedia
Divina Comedia Como la alondra que en el aire se cierne cantando, y después calla, contenta de la última melodía que la satisface, tal me pareció el águila, satisfecha de haber cumplido con la eterna voluntad por la que todas las cosas son lo que son: y aun cuando hiciese yo visible mis dudas, como el vidrio manifiesta por su transparencia el color de que se ha revestido su superficie, esas mismas dudas no me permitieron esperar en silencio su respuesta, sino que con su fuerza hicieron salir de mi boca estas palabras: «¿Qué cosas son ésas?»; por lo cual conocí, en los nuevos destellos que despedían aquellas almas dichosas, la alegría que les causaba responder a mis preguntas. Después, aumentando el brillo del ojo, el águila me respondió, para no tenerme por más tiempo entregado a mi asombro: