Divina Comedia

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Después calló. Las Furias se desgarraban el pecho con sus uñas, se golpeaban con las manos y daban tan fuertes gritos que, por temor, me acerqué más al Poeta..

—Que venga Medusa[85] y convertiremos a éste en piedra —decían todas mirando desde arriba—; hicimos mal en no vengarnos de la audaz entrada de Teseo[86].

—Vuélvete y cierra los ojos, porque si apareciese la Gorgona y la vieses, no podrías jamás volver arriba.

Así me dijo el Maestro, volviéndome él mismo: Y no fiándose de mis manos, me tapó los ojos con las suyas. ¡Oh, vosotros, que gozáis de sano entendimiento: descubrid la doctrina que se oculta bajo el velo de tan extraños versos[87]!.

Oíase a través de las turbias ondas un gran ruido, lleno de horror, que hacía retemblar las dos orillas, semejante a un viento impetuoso, impelido por contrarios ardores, que se ensaña en las selvas y que sin tregua las ramas rompe y desgaja, y las arroja lejos; luego, marchando polvoroso y soberbio, hace huir a las fieras y los pastores. Me descubrió los ojos y dijo:

—Ahora dirige la potencia de tu vista sobre esa antigua espuma, hacia el sitio en que el tufo es más maligno.


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