Divina Comedia

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—Los primeros círculos te han mostrado a los Serafines y los Querubines. Siguen con tal velocidad su amorosa cadena para asemejarse a este punto cuanto pueden, y pueden tanto más cuanto más altos están para verlo. Aquellos otros amores que van en torno de ellos se llaman Tronos de la presencia divina, en los cuales termina el primer ternario; y debes saber que es tanto mayor su gozo cuanto más penetra su vista en la Verdad en que se calma toda inteligencia. Aquí puede conocerse que la beatitud se funda en el acto de ver, y no en el amor a Dios, que viene después. Y siendo las obras meritorias engendradas por la gracia y la buena voluntad, la medida de la contemplación procede así de grado en grado. El otro ternario, que germina en esta primavera eterna de modo que no le despoja el Aries nocturno[219], canta perpetuamente «Hosanna» con tres melodías que resuenan en los tres órdenes de alegrías de que se compone, formados por otros tres coros angélicos: Dominaciones, segundo Virtudes y el tercero es el de las Potestades. Después, en los dos penúltimos círculos giran los Principados y los Arcángeles y el último se compone todo de los angélicos festejos. Todos estos órdenes tienen sus moradas fijas arriba y ejercen abajo tal influencia, que así como ellos son atraídos por Dios, atraen ellos lo que está debajo. Con tal ardor se puso Dionisio a contemplar estos órdenes, que los distinguió y los nombró tan claramente como yo lo estoy haciendo. Pero Gregorio se separó de él después; así es que, cuando abrió los ojos en este cielo, se ha reído de sí mismo[220]. Y si un mortal como Dionisio pudo revelar en la Tierra una verdad tan secreta, no quiero que te admires, porque San Pablo, que la vio aquí arriba, bajó a la Tierra a descubrírsela junto con otras muchas cosas referentes a las verdades de estos círculos.


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