Divina Comedia
Divina Comedia —Todos quedarán cerrados cuando hayan vuelto de Josafat las almas con los cuerpos que han dejado allá arriba. Epicuro y todos sus sectarios[91], que pretenden que el alma muere con el cuerpo, tienen su cementerio hacia esa parte. Asà que pronto contestarán aquà mismo a la pregunta que me haces y al deseo que me ocultas.
Yo le repliqué:
—Buen GuÃa, si acaso te oculto mi corazón, es por hablar poco, a lo cual no es la primera vez que me has predispuesto con tus advertencias.
—¡Oh, toscano, que vas por la ciudad del fuego hablando modestamente, dÃgnate detenerte en este sitio! Tu modo de hablar revela claramente el noble paÃs al que quizá fui yo funesto.
Tales palabras salieron súbitamente de una de aquellas tumbas, haciendo que me aproximara con temor a mi guÃa. Éste me dijo:
—Vuélvete, ¿qué haces? Mira a Farinata[92], que se ha levantado de su tumba, a quien puedes contemplar desde la cintura a la cabeza.
Yo tenÃa ya mi mirada fija en la suya. Él erguÃa su pecho y su cabeza en ademán de despreciar al Infierno. Entonces mi guÃa, con mano animosa y pronta, me impelió hacia él a través de los sepulcros, diciéndome:
—Háblale respetuosamente.