Divina Comedia
Divina Comedia —¡Ah! —le contesté—: ¡ojalá vuestra descendencia tenga paz y reposo! Pero os ruego que deshagáis el nudo que ha enmarañado mi pensamiento. Me parece, por lo que he oÃdo, que prevéis lo que el tiempo ha de traer, a pesar de que os suceda lo contrario con respecto del presente.
—Como los que padecen —dijo— un defecto en la vista, vemos sólo las cosas alejadas, porque sólo asà nos ilumina la luz de la verdad. Cuando están próximas, todo nuestro intelecto es vano, y si alguien que llegue no nos informa, nada sabemos de vuestro estado actual. De lo que puedes colegir que cuando ya no haya futuro, tras el juicio final, perderemos la capacidad de conocer.
Entonces, como arrepentido de mi falta, le dije:
—Decid a ese que acaba de desaparecer que su hijo está aún entre los vivos[97]. Si antes no respondÃ, hacedle saber que no lo hice porque estaba distraÃdo con la duda que acabáis de aclararme.
Mi Maestro me llamaba ya. Por esa razón rogué más solÃcitamente a aquel espÃritu que me dijera quién estaba con él.
—Estoy tendido entre más de mil —me respondió—, ahà dentro está el segundo Federico y el Cardenal[98]. En cuanto a los demás, me callo.