Divina Comedia
Divina Comedia —¿Qué tormento os está reservado a vosotros los que bajáis por esa cuesta? Decidlo desde donde estáis, porque si no disparo mi arco.
Mi Maestro respondió:
—Contestaremos a Quirón[110] cuando estemos más cerca. Tus deseos fueron siempre, por desgracia, muy impetuosos.
Después me tocó y me dijo:
—Éste es Neso, el que murió por la hermosa Deyanira y vengó por sà mismo su muerte; el de en medio, que inclina la cabeza sobre el pecho, es el gran Quirón, que educó a Aquiles; el otro es el irascible Foló[111]. Alrededor del foso van a millares, atravesando con sus flechas a toda alma que sale de la sangre más de lo que le permiten sus culpas.
Nos fuimos aproximando a aquellos ágiles monstruos. Quirón cogió una flecha y con el regatón apartó las barbas hacia detrás de sus quijadas. Cuando dejó al descubierto la enorme boca, dijo a sus compañeros:
—¿Habéis observado que el de detrás mueve cuanto toca? Los pies de los muertos no suelen hacer eso.
Y mi buen Maestro, que estaba ya junto a él y le llegaba al pecho, allà donde las dos naturalezas se unen, repuso: