Divina Comedia
Divina Comedia —Está en efecto vivo y yo sólo debo enseñarle el sombrÃo valle. Viene a él por necesidad y no por distracción. La que me ha encomendado este cometido ha cesado por un momento de cantar «aleluya[112]». No es él un ladrón ni yo un alma criminal. Pero por aquella Virtud que dirige mis pasos por un camino tan salvaje, cédeme uno de los tuyos para que lo lleve a la grupa, porque no es un espÃritu que pueda ir por los aires.
Quirón se volvió a la derecha y dijo a Neso:
—Ve, guÃalos; y si tropiezan con algún grupo de los nuestros, haz que les abran paso.
Nos pusimos en marcha asà escoltados hacia lo largo de las orillas de aquella roja espuma, desde donde lanzaban horribles gritos los ahogados. Los vi sumergidos hasta las cejas y el gran Centauro dijo:
—Estos son los tiranos, que vivieron de sangre y de rapiña. Aquà se lloran las despiadadas culpas. Aquà está Alejandro y el feroz Dionisio, que tantos años de dolor hizo sufrir a la Sicilia. Aquella frente que tiene el cabello tan negro es la de Azzolino y la otra que lo tiene rubio es la de Obizzo de Este, que verdaderamente fue asesinado en el mundo por su hijastro[113].
Entonces me volvà hacia el Poeta, el cual me dijo:
—Sea éste ahora tu primer guÃa; yo seré el segundo.