Divina Comedia
Divina Comedia —Antes de avanzar más, debes saber que te encuentras en el segundo recinto, por el cual continuaremos hasta llegar a los terribles arenales. Por tanto, mira con atención y de este modo verás cosas que darán testimonio de mis palabras.
Por todas partes oÃa yo gemidos, sin ver a nadie que los exhalara; por esta razón me detuve atemorizado. Creo que él creyó que yo creÃa que aquellas voces eran de gente que se ocultaba de nosotros entre la espesura; y asà me dijo mi Maestro:
—Si rompes cualquier rama de una de esas plantas verás lo equivocados que son tus pensamientos.
Entonces extendà la mano hacia adelante, cogà una ramita de un gran endrino, y su tronco exclamó:
—¿Por qué me rompes?
Inmediatamente se tiñó de sangre y volvió a exclamar:
—¿Por qué me desgarras? ¿No tienes ningún sentimiento de piedad? Hombres fuimos y ahora estamos convertidos en troncos[118]; tu mano deberÃa haber sido más piadosa, aunque hubiéramos sido almas de serpientes.
Cual verde tizón que, encendido por uno de sus extremos, gotea y chirrÃa por el otro a causa del aire que lo atraviesa, asà salÃan de aquel tronco palabras y sangre juntamente; lo que me hizo dejar caer la rama y detenerme como hombre acobardado.