Divina Comedia
Divina Comedia —En medio del mar existe un paÃs arruinado —me dijo entonces— que se llama Creta[131] y tuvo un rey bajo cuyo imperio el mundo fue virtuoso. Allà hay un monte, llamado Ida, que en otro tiempo fue delicioso por sus aguas y su frondosidad y hoy está desierto como todas las cosas antiguas. Rea lo escogió por cuna segura de su hijo y, para ocultarlo mejor, hacÃa que cuando lloraba se produjesen grandes ruidos. En el interior del monte se mantiene en pie un gran anciano, que está de espaldas hacia Damieta, con la mirada como un espejo fija en Roma. Su cabeza es formada de oro fino, y de plata pura son los brazos y el pecho; después es de bronce hasta la entrepierna, y de allà para abajo es todo de hierro escogido, excepto el pie derecho, que es de barro cocido. Se afirma sobre éste más que sobre el otro pie. Cada parte, menos la formada de oro, está surcada por una hendidura que mana lágrimas, las cuales unidas agujerean aquel monte. Su curso se dirige hacia este valle, de roca en roca, formando el Aqueronte, la Estigia y el Flegetón; después descienden por este estrecho conducto, hasta el punto donde no puede bajar más, y allà forman el Cocito. Ya verás lo que es este lago; por eso no te lo describo ahora[132].
Yo le contesté:
—Si ese riachuelo se deriva asà de nuestro mundo, ¿por qué se deja ver únicamente al margen de este bosque?