Divina Comedia
Divina Comedia Y él a mÃ:
—Tú sabes que este lugar es redondo; aunque hayas andado mucho, descendiendo siempre al fondo por la izquierda, no has dado aún la vuelta a todo el circuito. Por lo cual, si se te aparece alguna cosa nueva no debe pintarse la admiración en tu rostro.
Le repliqué:
—Maestro, ¿dónde están el Flegetón y el Leteo? Del uno no dices nada y del otro sólo me dices que lo origina esa lluvia de lágrimas.
—Me agradan tus preguntas —contestó—; pero el hervor de esa agua roja debiera haberte servido de contestación a una de ellas. Verás el Leteo, pero fuera de este abismo; lo verás allá donde las almas van a lavarse cuando, arrepentidas de sus culpas, son perdonadas.
Después añadió:
—Ya es tiempo de que nos apartemos de este bosque; procura venir detrás de mÃ; sus márgenes nos ofrecen un camino, pero no son ardientes y sobre ellas se extinguen todas las brasas.