Divina Comedia
Divina Comedia —¡Oh hijo mÃo! —replicó—; cualquiera de nosotros que se detenga un momento queda después cien años sufriendo esta lluvia, sin poder esquivar el fuego que lo abrasa. Asà pues, sigue adelante; yo caminaré a tu lado y luego me reuniré a la mesnada que va llorando sus eternos tormentos.
No me atrevà a bajar del ribazo por donde iba para nivelarme con él, pero tenÃa la cabeza inclinada en actitud respetuosa. Empezó de este modo:
—¿Cuál es la suerte o el destino que te trae aquà abajo antes de tu última hora? ¿Y quién es ese que te enseña el camino?
—Allá arriba, en la vida serena —le respond×, me extravié en un valle antes de haberse llenado mi edad. Pero ayer de mañana le volvà la espalda; y cuando retrocedÃa otra vez hacia él, se me apareció ése y me está volviendo al verdadero camino por esta vÃa.
A lo que contestó: