La Divina Comedia
La Divina Comedia No de otro modo al pinche el cocinero
hace meter la carne en la caldera,
con los tridentes, para que no flote.
Y el buen Maestro: «Para que no sepan
que estás agua —me dijo— ve a esconderte
tras una roca que sirva de abrigo;
y por ninguna ofensa que me hagan,
debes temer, que bien conozco esto,
y otras veces me he visto en tales lÃos.»
Después pasó del puente a la otra parte;
y cuando ya alcanzó la sexta fosa;
le fue preciso un ánimo templado.
Con la ferocidad y con la saña
que los perros atacan al mendigo,
que de pronto se para y limosnea,
del puentecillo aquéllos se arrojaron,
y en contra de él volvieron los arpones;
mas él gritó: «¡Que ninguno se atreva!
Antes de que me pinchen los tridentes,
que se adelante alguno para oÃrme,
pensad bien si debéis arponearme.»
«¡Que vaya Malacola!» —se gritaron;
y uno salió de entre los otros quietos,
y vino hasta él diciendo: «¿De qué sirve?»
«Es que crees, Malacola, que me habrÃas
visto venir —le dijo mi maestro—
seguro ya de todas vuestras armas,