La Divina Comedia

La Divina Comedia

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allí hacia el fondo, donde la ministra

del alto Sir, infafble justicia,

castiga al falseador que aquí condena.

Yo no creo que ver mayor tristeza

en Egina pudiera el pueblo enfermo,

cuando se llenó el aire de ponzoña,

pues, hasta el gusanillo, perecieron

los animales; y la antigua gente,

según que los poeta aseguran,

se engendró de la estirpe de la hormiga;

como era viendo por el valle oscuro

languidecer las almas a montones.

Cuál sobre el vientre y cuál sobre la espalda,

yacía uno del otro, y como a gatas,

por el triste sendero caminaban.

Muy lentamente, sin hablar, marchábamos,

mirando y escuchando a los enfermos,

que levantar sus cuerpos no podían.

Vi sentados a dos que se apoyaban,

como al cocer se apoyan teja y teja,

de la cabeza al pie llenos de pústulas.

Y nunca vi moviendo la almohaza

a muchacho esperado por su amo,

ni a aquel que con desgana está aún en vela,

como éstos se mordían con las uñas

a ellos mismos a causa de la saña

del gran picor, que no tiene remedio;


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