La Divina Comedia
La Divina Comedia Seguimos el viaje caminando
a la izquierda, y a un tiro de ballesta,
otro encontramos más feroz y grande.
Para ceñirlo quién fuera el maestro,
decir no sé, pero tenÃa atados
delante el otro, atrás el brazo diestro,
una cadena que le rodeaba
del cuello a abajo, y por lo descubierto
le daba vueltas hasta cinco veces.
«Este soberbio quiso demostrar
contra el supremo Jove su potencia
—dijo mi guÃa— y esto ha merecido.
Se llama Efialte; y su intentona hizo
al dar miedo a los dioses los gigantes:
los brazos que movió, ya más no mueve.»
Y le dije: «Quisiera, si es posible,
que del desmesurado Briareo
puedan tener mis ojos experiencia.»
Y él me repuso: «A Anteo ya verás
cerca de aquÃ, que habla y está libre,
que nos pondrá en el fondo del infierno.
Aquel que quieres ver, está muy lejos,
y está amarrado y puesto de igual modo,
salvo que aún más feroz el rostro tiene.»
No hubo nunca tan fuerte terremoto,
que moviese una torre con tal fuerza,
como Efialte fue pronto en revolverse.