La Divina Comedia
La Divina Comedia Por lo cual si ante mà nada se ensombra,
no debes extrañarte, igual que el cielo
no detiene el camino de los rayos.
Por sufrir penas, frÃas y calientes,
Dios ha dispuesto cuerpos semejantes,
de modo que no quiere revelarnos.
Loco es quien piense que nuestra razón
pueda seguir por la infinita senda
que sigue una sustancia en tres personas.
Os baste con el quÃa, humana prole;
pues, si hubierais podido verlo todo,
ocioso fuese el parto de MarÃa;
y tú has visto sin frutos desearlo
a tales que aquietaran su deseo,
que eternamente ahora les enluta:
de Aristóteles hablo y de Platón
y aun de otros más»; y aquà inclinó la frente,
y más no dijo y quedóse turbado.
Llegamos entretanto al pie del monte;
tan escarpadas estaban las rocas,
que en vano habrfa piernas bien dispuestas.
Entre Rurbia y Lerice el más desierto,
el más roto barranco, es escalera,
comparado con éste, abierta y fácil.
«¿Ahora quién sabe en donde la pendiente
—deteniéndose, dijo mi maestro—
pueda subir aquel que va sin alas?»