La Divina Comedia
La Divina Comedia un peso igual al que a veces se sueña,
angustiadas en formas desiguales
y en la primera cornisa cansadas,
purgando las calígines del mundo.
Si allí bien piden siempre por nosotros,
¿aquí qué hacer y qué pedir podrían
los que en Dios han echado sus raíces?
Debemos ayudarles a lavarse
las manchas, tal que puros y ligeros
puedan ganar las estrelladas ruedas.
«Ah, la justicia y la Piedad os libren
pronto, tal que podáis mover las alas,
que os conduzcan según vuestros deseos:
mostradnos por qué parte a la escalera
más rápido se va; y, si hay más caminos,
enseñadnos aquel menos pendiente;
pues a quien me acompaña, por la carga
de la carne de Adán con que se viste,
contra su voluntad, subir le cuesta.»
Las palabras que respondieron a éstas
que había dicho aquel que yo seguía,
de quién vinieran no lo supe; pero
dijeron: «Por la orilla a la derecha
veniros, y hallaremos algún paso
que lo pueda subir un hombre vivo.
Y si no fuese un estorbo la piedra
que mi cerviz soberbia doma, y tengo