La Divina Comedia

La Divina Comedia

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pues cuando estuve tan cercano de ellos

que sus gestos veía claramente,

grave dolor me vino por los ojos.

De cilicio cubiertos parecían

y uno aguantaba con la espalda al otro,

y el muro a todas ellas aguantaba.

Así los ciegos faltos de sustento,

piden limosna en días de indulgencia,

y la cabeza inclina uno sobre otro,

por despertar piedad más prontamente,

no sólo por el son de las palabras,

mas por la vista que no menos pide.

Y como el sol no llega hasta los ciegos,

lo mismo aquí a las sombras de las que hablo

no quería llegar la luz del cielo;

pues un alambre a todos les cosía

y horadaba los párpados, del modo

que al gavilán que nunca se está quieto.

Al andar, parecía que ultrajaba

a aquellos que sin venne yo veía;

por lo cual me volví al sabio maestro.

Él sabía que, aun mudo, deseaba

hablarle; y no esperando mi pregunta,

él me dijo: «Habla breve y claramente.»

Virgilio caminaba por la parte

de la cornisa en que caer se puede,

pues ninguna baranda la rodea;


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