La Divina Comedia
La Divina Comedia y así sabrás que fui Guido del Duca.
Tan quemada de envidia fue mi sangre.
que si dichoso hubiese visto a alguno,
cubierto de livor me hubieras visto.
De mi simiente recojo tal grano;
¡Oh humano corazón, ¿por qué te vuelcas
en bienes que no admiten compañía?
Este es Rinieri, prez y mayor honra
de la casa de Cálboli, y ninguno
de sus virtudes es el heredero.
Y no sólo su sangre se ha privado,
entre el monte y el Po y el mar y el Reno,
del bien pedido a la verdad y al gozo;
pues están estos límites tan llenos
de plantas venenosas, que muy tarde,
aun labrando, serían arrancadas.
¿Dónde están Lizio, y Arrigo Mainardi,
Pier Traversaro y Guido de Carpigna?
¡Bastardos os hicisteis, romañoles!
¿Cuando renacerá un Fabbro en Bolonia?
¿cuando en Faenza un Bernardín de Fosco,
rama gentil aun de simiente humilde?
No te asombres, toscano, si es que lloro
cuando recuerdo, con Guido da Prata,
a Ugolin d'Azzo que vivió en Romagna,
Federico Tignoso y sus amigos,
a los de Traversara y Anartagi