La Divina Comedia
La Divina Comedia cuando desanimado el cuerpo yace;
mas pregunté para animar tus pasos
tal conviene avivar al perezoso,
que tardo emplea al despertar su tiempo.»
Por el ocaso andábamos, mirando
hasta donde alcanzaba nuestra vista
contra la luz radiante y vespertina.
Y vimos poco a poco una humareda
venir hacia nosotros, cual la noche;
ni un sitio había para resguardarnos:
el aire puro nos quitó y la vista.