La Divina Comedia
La Divina Comedia Y por esto, si el mundo os descamina,
la causa que buscáis está en vosotros:
y verdaderamente he de explicártelo:
De la mano de Aquél que la acaricia,
aun antes de existir, cual la muchacha
que llorando y riendo juguetea,
sale sencilla el alma y nada sabe,
salvo que, obra de un gozoso artista,
gustosa vuelve a aquello que la alegra.
Primero saborea el bien pequeño;
aquà se engaña y corre detrás de él,
si no tuerce su amor freno ni guÃa.
Y es necesario el freno de las leyes;
y es necesario un rey, que al menos vea
de la ciudad auténtica la torre.
Hay leyes, pero ¿quién las administra?
Nadie, pues su pastor acaso rumie,
mas no tiene partida la pezuña;
y la gente, que sabe que su guÃa
sólo tiende a aquel bien del que ella come,
pace de aquel, y no busca otra cosa.
Bien puedes ver que la mala conducta
es la razón que al mundo ha condenado,
y no vuestra natura corrompida.
SolÃa Roma, que hizo bueno el mundo,
tener dos soles que una y otra senda,
la humana y la divina, les mostraban.