La Divina Comedia
La Divina Comedia me faltaban así mis facultades.
«Es un divino espíritu que muestra
el camino de arriba sin pedirlo,
y él a sí mismo con su luz esconde.
Nos hace igual que un hombre hace consigo;
que quien se hace rogar, viendo un deseo,
su negativa con maldad prepara.
A tal invitación el paso unamos;
procuremos subir antes que venga
la noche y hasta el alba no se pueda.»
Así dijo mi guía, y yo con él
nos dirigimos hacia la escalera;
y cuando estuve en el primer peldaño,
sentí cerca de mí que un ala el rostro
me abanicaba y escuché: «Beati
pacifici, que están sin mala ira.»
Estaban ya tan altos los postreros
rayos de los que va detrás la noche,
que en torno aparecían las estrellas.
«¡Oh, por qué me abandonas, valor mío!»
—decía para mí, porque sentía
la fuerza de las piernas flaqueartne.
Ya donde más no subía llegamos
la escalera, y allí nos detuvimos,
como la nave que ha llegado al puerto.
Puse atención un poco, por si oía
alguna cosa en este nuevo círculo;