La Divina Comedia
La Divina Comedia luego al maestro me volví y le dije:
«Mi dulce padre, dime, ¿qué pecado
se purga en este círculo? Si quedos
están los pies, no lo estén las palabras.»
Y él me dijo: «El amor del bien, escaso
de sus deberes, aquí se repara;
aquí se arregla el remo perezoso.
Y para que lo entiendas aún más claro,
vuelve hacia mí la mente, y sacarás
algún buen fruto de nuestra dernora.»
Ni el Creador ni la criatura, nunca
sin amor estuvieron —él me dijo—
o natural o de ánimo; ya sabes.
El natural no se equivoca nunca,
mas puede el otro equivocar su objeto,
porque el vigor o poco o mucho sea.
Mientras que se dirige al bien primero,
y en el segundo él mismo se controla,
no puede ser razón de mal deleite;
mas cuando al mal se tuerce, o con cuidado
más o menos al bien de lo que debe,
contra el Autor se vuelven sus acciones.
Entenderás por ello que el amor
es semilla de todas las virtudes
y de todos los actos condenables.
Ahora bien, como nunca de la dicha
de su sujeto amor la vista aparta,